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LOS CINES DEL SUR
El cine ilustra, más que cualquiera de las industrias culturales, hasta que punto la economía le ha ganado la partida a las consideraciones artísticas y sociales. Sin caer en el derrotismo, y sin huir de la autocrítica, los números están ahí: el cine norteamericano –el bueno y el malo— y sus clones dominan sin discusión las pantallas del sur de Europa y del mediterráneo, y amenazan abiertamente con apropiarse, también, de los circuitos de distribución, de producción y hasta de los modelos culturales. Algunos ingenuos no tenemos nada en contra de las burgers y otros fast food, nada en contra de los cigarrillos rubios americanos, nada en contra de los fabulosos tesoros de la cinematografía de Hollywood, pero seguimos pensando que no hay que resignarse a la uniformización de las culturas, de las costumbres, de las gastronomías, del día a día. Y el caso es que, por ejemplo, italianos y argelinos y franceses y portugueses tenemos derecho a todas las tonterías made in USA o realizadas "a la manera de" que nos obligan a digerir, mientras que muchos tunecinos no han visto nunca un buen film catalán, muchos griegos no han visto nunca un buen film libanés y muchos marroquíes no han visto nunca un buen film gallego. Es bajo esta perspectiva que trabajamos en el proyecto LOS CINES DEL SUR. Los cineclubes tienen, por supuesto, un papel principal, pero concebimos una forma de asociación mucho más amplia, donde realizadores, universidades, escuelas de cine, festivales, instituciones culturales de todo tipo y todos los que, preservando su independencia, trabajan por un cine auténticamente democrático, puedan encontrar su lugar. Que seamos capaces de trabajar juntos, sin presupuesto en primera instancia, y que consigamos establecer redes de cooperación estable, no sólo en el terreno de la exhibición cinematográfica, si no también en la coorganización de acontecimientos, en el intercambio de experiencias, en la edición conjunta de publicaciones, etc., sería la mejor forma de demostrarnos recíprocamente que pensamos resistir al bombardeo sistemático del Tío Sam y sus aliados. En estos momentos, y a distintos niveles, representantes de Italia, Francia, Marruecos, Argelia, Túnez, Portugal, Galicia, Líbano y Cataluña están implicados en el proyecto, y el director de cine Robert Guédiguian ha aceptado apadrinar la iniciativa. Es cosa de todos nosotros, ahora, actuar para que la globalización sea una oportunidad y no un obstáculo para la diversidad cultural.
Martí Porter
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